Siete vidas tiene un gato y dos un Yorkshire
Hace unos días disfrutamos de una agradable noche en la playa.
Con la excusa de hacer una barbacoa nos reunimos unos cuantos amigos. Después de dar buena cuenta de las viandas comenzamos a charlar. Historias intrascendentes, chistes, adivinanzas… pero una de las historias contadas fue insuperable.
Esta es una historia real:
Tomás, durante una mañana de antes del verano (este que ya acaba), realizaba una chapuza en el garaje del adosado de su cuñado; construía unas estanterías de madera. Mientras trabajaba observo que entraba un gato en el garaje. Su cuñado, al parecer, tenía algunos pajarillos en dicho garaje.
Tomás pensó en asustar al gato para que se marchara. Ni corto ni perezoso cogió un listón de madera con la intención de lanzarlo a la puerta del garaje con la intención de asustar al minino con el ruido. Lanzó el listón, pero la mala fortuna quiso que no acertara con al puerta y si con el gato, al que dejo seco del golpe. Tomás, asustado, cogió al gato muerto y lo tiro detrás de unos contenedores de basura.
Cuando reanudaba la tarea de construcción aparecieron por la puerta del garaje dos chicos, pareja, vecinos de al lado. Le preguntaron a Tomás si había visto un gato, este les dijo: “ esta ahí detrás, en los contenedores”.
Al poco rato apareció de nuevo la pareja, uno de ellos llevaba el gato en los brazos, entre llantos preguntaban a Tomás: “¿Qué ha pasado?”.
Ante aquella escena lacrimógena Tomás decidió ser sincero y contó la verdad. Los chicos montaron en cólera. Tomás fue denunciado, hubo un juicio, tuvo que pagar una multa.
Tiempo después la pareja adquirió un Yorkshire.
El cuñado de Tomás, dueño del adosado, tenía un Pit Bull. “Ahora pensareis, bueno ya hay lío, se lo come”. Pues increíblemente ambos perros se hicieron amigos inseparables. Donde iba el uno, allí estaba el otro.
Llego el verano y los chicos dueños del Yorkshire tomaron vacaciones y se marcharon de viaje.
Al cabo de unos días el cuñado de Tomás vio venir a su Pit Bull con algo en la boca… Cuando este se acercó comprobó horrorizado que se trataba del Yorkshire de la paraje de al lado, estaba muerto.
No sabía que hacer, gritaba a su mujer: “¡Lo sabía, este perro no buscaba la ruina! ¿Qué hacemos?... ¡sí a Tomás lo denunciaron a mi me meten en la cárcel! ¡Maldito perro!”De pronto se dirigió a su mujer y le dijo: “Yo no estoy dispuesto a ir a la cárcel, lavo al perro, lo congelo y el día que vuelvan estos dos me meto en su casa antes de que lleguen descongelo al perro lo peino y le pongo colonia, lo dejo en su casetilla y que piensen que se ha muerto de un infarto o algo así. Pero yo no voy a la cárcel.”
La mujer no daba crédito “¡estas loco!”…. pero lavo al perro y lo metió en la nevera de casa.
La noche antes de la llegada de los vecinos descongelo al perro lo peino y le puso colonia, salto a la casa de los chicos, colocó al perro en posición de reposo, con las patitas cruzadas (me imagino la escena), y volvió a casa.
A la mañana siguiente llegaron los vecinos, vieron al perrito en su casetilla y entraron a la casa.
Tres días después los chicos no habían salido de la casa para nada y el Yorkshire continuaba en la casetilla, el cuñado de Tomás estaba extrañado y preocupado.
En la mañana del tercer día salieron los dos chicos, uno de ellos llevaba un gran cartel de se vende. El cuñado de Tomás que esperaba que salieran en algún momento se dirigió a ellos. “¿Qué os pasa?, estamos preocupados, lleváis tres días sin salir.”Uno de ellos dijo: “¿Qué nos pasa?, ¡Vendemos la casa! Esta casa esta embrujada…
-“¿embrujada?”- Replicó el cuñado.
- “Sí, hay espíritus, te lo juro. Antes de salir de viaje se nos murió el Yorkshire, lo enterramos, y ahora al volver nos lo encontramos en su casetilla…. ¡Y hasta huele a colonia!"
El cuñado de Tomás quería que se lo tragará la tierra, volvió a casa y se lo contó a su mujer. La mujer le pedía por favor que le contará la verdad a la pareja, que no los dejara vender la casa. Pero esté no estaba dispuesto a decirles que su perro desenterró al yorkshire, que el lo lavo, lo congeló y descongeló, lo peino le puso colonia, se salto a su casa y lo colocó en la casetilla.
El adosado fue vendido a un precio increíble.
¿Es o no es una historia estupenda? La realidad siempre supera a la ficción.



